Entre caminos y decisiones, descubriendo quién soy
Cada individuo experimenta la vida de diferente manera y la mira desde una perspectiva única, a través de los ojos de su historia y esencia. Llegar a conocer qué hay detrás de mi visión del mundo ha resultado complicado. Un camino lleno de impedimentos y distracciones. A pesar de los inconvenientes, conocer quién soy en realidad, ha sido –según mi experiencia– una pieza clave en la edificación de mi futuro y ha puesto los cimientos de un estado mental de plenitud. Hace poco llegue a comprender el nivel de influencia que ejerce el autoconocimiento en la toma de las decisiones, tanto cotidianas como trascendentales. Y, también, el poder que tienen para moldear –poco a poco– mi porvenir. Así, más allá del destino, se trata de una serie de pequeñas determinaciones y juicios que producen efectos en mi vida. Conocerme a mí misma para poder actuar y que las cosas salgan a mi favor.
Primero, me gustaría compartir una revelación: El hecho de que las cosas salgan según tus deseos no significa que las cosas resulten a tu favor. Con esto quiero decir que los deseos no siempre van a corresponder a beneficios reales, no siempre serán para tu bien.
 
A partir de esto, he llegado a reconocer que el cumplimiento de mis anhelos y deseos personales puede estar más ligado a caprichos y, al no conocerme lo suficiente, me he culpado y frustrado cuando estos no se concretan. Y es justo aquí donde he dirigido mis reclamos al “cruel y despiadado” destino, cuando –en realidad– mis propias decisiones son las que forjan el verdadero camino ante mí.   En el transcurso de este andar me di cuenta que el destino no estaba en mi contra, que los obstáculos que se interponían no eran más que decisiones tomadas según mis deseos y no acorde a mi bienestar. Al ser más ingenua, estaba equivocada sobre la manera en la que debía de expresarme al exterior y fallé en ser auténtica, en ser yo misma, en ser fiel a mi interior. Me apresuré a tomar decisiones de gran importancia sin tener una idea clara de quién era y, por consiguiente, de qué quería. Al suponer que estaba convencida de mis aspiraciones y del plan de vida que había diseñado, encasillé mis metas a un único camino… Mi vida se vio envuelta por una serie de eventos desafortunados. Y, aunque suene irónico, me hizo reaccionar.
Entonces, llegó otra revelación: los seres humanos tendemos a encapricharnos tanto con estructuras que olvidamos contenidos. Nos dejamos llevar por apariencias y los significados pasan a segundo plano. Hacemos todo por encajar y perdemos de vista el verdadero sentido de nuestras acciones.
Estaba, por un lado, buscando construir un futuro que se ajustara a la estructura convencional y, por el otro, tomando decisiones de acuerdo a una expresión débil y poco auténtica de mi persona. Fatídica combinación que dio lugar a una crisis. Foto-Colaboración-Quien soy ¿Por qué nos da tanto miedo confrontar la realidad? Después de todo, fue gracias a una crisis que pude enfrentarme cara a cara conmigo misma y descubrir quién soy y qué quiero para mi vida. Al estar en medio de la tormenta comprendí que los momentos difíciles son necesarios para que todo se acomode, para retomar el camino y que este obtenga valor en sí mismo y no como un medio. Aprendí a vivir y gozar la travesía. El autoconocimiento y expresión genuina de mi persona no me fueron entregados en bandeja de plata, fue un complejo y agotador trabajo de un par de años. En donde no solo me di cuenta de la cantidad de energía que consumí preocupándome, sino que comprendí que es una labor de todos los días. Que con el tiempo iré descubriendo partes de mí que no conocía, encontrando nuevos talentos, definiendo mi personalidad Así que busqué mi voluntad, decidí dejar de quejarme sobre las cosas que no podía controlar y aprendí a aceptar. Fue hasta que dejé de sobrepensar las cosas y culparme, que empecé a ocuparme y a abrirme a nuevas posibilidades y retos para crecer. Sólo así la vida resplandeció ante mi. Gracias a mi. Conocerte y ser fiel a ti mismo es un proceso complicado pero necesario. Porque ¿te imaginas estar toda una vida insatisfecho contigo mismo? Foto-Colaboración-Quién soy Nos han enseñado que debemos actuar con bondad, ser educados y amables con los demás pero es muy raro que nos hagan priorizar la bondad hacia adentro, hacia nosotros mismos. Se trata, pues, de ser el sujeto que emite y recibe un mensaje de amor. Darnos, por así decirlo, una palmada en la espalda. Felicitarnos por haber sobrellevado y superado todas las adversidades y haber llegado hasta aquí. De no juzgarnos y perdonarnos. Una vez que logré estar en buenos términos conmigo misma, la expresión fiel y auténtica de quien soy sucedió de forma mas fluida y automática. Comprendí el poder de mis decisiones. De repente, me vi teniendo éxito y sintiéndome plena, disfrutando el proceso. He aprendido a aceptar que mi camino no siempre será lineal. Que habrá una gama de posibilidades para escoger y obstáculos por superar. A veces, estaré arriba. Otras más, estaré abajo. Y está bien. Es parte de mi proceso, todo tiene una razón. Ahora comprendo que tengo el poder de decidir sobre mi vida y la actitud que tomo ante ella: soy responsable de mi futuro. Hoy decido por mi bien y para amar, tanto a mi misma como a los demás. Hay aspectos tan inherentes en mi que nada, ni el tiempo, podrá cambiar. Ahora sé que está en mí dejarlos salir a la luz y permitirles, conmigo, florecer.   Por: Majo Toraya. Foto-Portada: Paul Dufour