Lo que me trajo hasta aquí

Antes de construir marcas, tuve que aprender a construir la mía.

Desde muy joven tuve claro que quería conocer el mundo, formarme, aprender de personas que admiraba y encontrar una manera de convertir mi curiosidad en algo que tuviera sentido.

Pero CRECER también significó descubrir que querer algo no siempre es suficiente para saber cómo llegar hasta ahí.

Después de la universidad aparecieron las dudas, las expectativas y esa pregunta que probablemente muchas personas se han hecho alguna vez:

¿Cómo voy a construir la vida y la carrera que imagino para mí?

Durante mucho tiempo pensé que necesitaba tener todas las respuestas antes de comenzar.

Con los años entendí que no era así.

Que muchas veces la claridad no aparece antes de tomar una decisión, sino mientras empezamos a tomar responsabilidad por ella.

Tuve que aprender a confiar en mi propio criterio, a reconocer mis capacidades, a enfrentar mis miedos y, sobre todo, a dejar de esperar a sentirme completamente preparada para comenzar a construir.

También entendí algo que terminaría siendo especialmente significativo para mí:

Aunque mi nombre todavía no significara nada para los demás, yo podía decidir qué quería que significara.

Y esa decisión cambió la manera en que empecé a relacionarme con mi profesión.


Construir mi propio camino

Elegí hacerlo a través del conocimiento, del trabajo y de la experiencia.

Me formé en comunicación, después en comunicación corporativa e institucional, y continué buscando herramientas que me permitieran comprender mejor a las organizaciones, a las personas y a las decisiones que existen detrás de una marca.

Llegaron los primeros proyectos. Después otros. Algunos salieron como esperaba. Otros me obligaron a replantear cosas que creía tener claras.

Hubo momentos de certeza y también momentos de duda. Decisiones que funcionaron y otras que me enseñaron precisamente lo que no quería volver a hacer.

Y así, poco a poco, fui construyendo una trayectoria que no estaba completamente definida desde el principio. La fui descubriendo mientras la construía.

Hoy, después de más de una década trabajando con marcas, puedo mirar hacia atrás y reconocer que muchas de aquellas dudas no eran obstáculos. Eran parte del proceso de encontrar mi lugar.


Encontré mi lugar en las marcas

Con el tiempo entendí que lo que realmente me interesaba de una marca no era únicamente aquello que podía verse. Me interesaba lo que había detrás.

  • Las decisiones.
  • Su identidad.
  • Historia.
  • Y la manera en que una empresa entiende el mundo y se entiende a sí misma. El lugar que quiere ocupar.

Y, especialmente, la distancia que a veces existe entre lo que una marca cree que está comunicando y lo que las personas realmente perciben.

Ahí encontré mi lugar.

No solamente en la construcción de marcas, sino en comprenderlas.

  • En hacer preguntas.
  • En encontrar aquello que necesita ser definido antes de comenzar a comunicar.
  • En ayudar a una empresa o a una persona a reconocer qué hay en el fondo de lo que está construyendo.

Hoy entiendo mi trabajo de otra manera

Después de tantos años, no pienso que construir una marca consista simplemente en encontrar una buena idea, diseñar una identidad atractiva o aprender a comunicar mejor.

Una marca se construye mucho antes.

Se construye en las decisiones que toma.

  • En aquello que elige representar.
  • En lo que decide dejar fuera.
  • En la manera en que se comporta cuando nadie está mirando.
  • Y en la coherencia entre lo que es, lo que hace y la percepción que genera.

Por eso mi trabajo hoy parte de una convicción:

Una no debe inventarse una personalidad para ser RELEVANTE. En su lugar, debe comprender quién es, encontrar aquello que la hace significativa y contruir desde ahí.

LR


Y quizá por eso esta historia también habla de mí

Porque antes de preguntarle a una marca quién es, qué quiere representar y qué lugar quiere ocupar, tuve que hacerme esas mismas preguntas. Y aún cada determinado tiempo, vuelvo a hacérmelas.

Mi trayectoria no ha sido una línea recta y tampoco creo que tenga que serlo.

  • He cambiado de opinión.
  • Aprendido.
  • Comenzado de nuevo.
  • Tomado decisiones con certeza y otras con miedo.

Pero hay algo que sí ha permanecido:

Hoy mi nombre ya no es solamente mi nombre. Es el resultado de más de una década de decisiones, aprendizajes, proyectos, personas y experiencias.

Y quizá esa sea una de las razones por las que creo tanto en el poder de las marcas.

Porque una marca, al igual que una persona, también necesita reconocerse para poder decidir qué quiere significar.

LR

Lolina Rivas

Consultora Estratégica de Marca

Creo en las marcas con fondo y forma.

En las que no necesitan seguir cada tendencia para resultar relevantes.

En las que tienen algo que decir porque antes se tomaron el tiempo de comprender quiénes son.

Y en las que entienden que construir una marca no consiste solamente en ser vistos.