Y aprender a VIVIR bajo una nueva filosofía

Ella era así, simple, sin complicaciones, tomar lo bueno, soltar lo malo. “No darle cabeza”, como dictaba su frase habitual. Ella sabía vivir el momento y pensar en el futuro en su justa medida. Ella era reservada, observadora y con el tiempo se daba, te dejaba ver en su interior sin una lista de favores de vuelta. Siempre directa, siempre sencilla, siempre libre… Ella me inspiró.

A veces en nuestra vida jamás imaginamos a quien vamos a conocer y damos por sentado nuestra realidad actual como la realidad eterna, cuando una decisión en 5 minutos lo puede cambiar TODO. Quizás esto lo sabemos, pero pocas veces lo llevamos a la práctica. Pocas veces salimos de la zona de confort.

Probablemente hace algunos meses, esta reflexión no hubiera pasado por mi mente pero en mi inquietud constante y curiosidad por el mundo, me hizo cambiar mi vida “segura” por una aventura que puedo decir HA SIDO LO MEJOR DE MI VIDA.

 Tal como dicta el dicho “uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde” pero también uno no sabe lo que se pierde por nunca perder nada, por nunca intentar…

 

Manteniéndome en mi zona de confort habitual, jamás pensé podría darle el titulo de “mejor amiga” a alguien, que no fuera de mis amigas más cercanas desde hace ya varios años… Siempre manteniendo esa mentalidad más cuadrada, más racional, más perfeccionista… Sin embargo, en mi andar por la vida y trasladarme a vivir a un país donde mi único conocido era yo misma, cambió toda mi perspectiva.

Al pasar los meses, descubrí que ese sentimiento de “chica incomprendida” no era de mi total propiedad sino lo compartía a diario con más personas de lo que hubiera pensado… Me di cuenta que cada quien desde su subjetividad se percibía “raro” o “diferente” en su entorno común… ¿pero que ser humano es igual a otro? Caí en cuenta que el mayor obstáculo puede ser uno mismo ante la propia aceptación… Y al menos, hablando de mi misma, ese período de mi vida me hizo verme con más vulnerabilidad y claridad…

Se podría pensar que solo por la gran distancia de casa, la soledad constante y una nueva rutina, serían los factores claves para conocer a nuevas personas. Sin embargo, hay una gran brecha entre conocer a alguien y generar una hermandad. Esa brecha se hace real, cuando a pesar del tiempo compartido, mantienes el contacto con esa persona, conoces su día a día y las barreras físicas, ya no son impedimentos. Después de 26 años de vida, vine a conocer, comprender y aceptar a otras personas tan diferentes a mí, que tan solo en un pequeño lapso, tienen con total seguridad un pedazo de mi corazón.

Una de esas personas que conocí y que hoy llamo amiga, me hizo ponerme de frente contra mi misma, siempre siendo tan franca y no consolarme ante situaciones que tenían solución pero que yo temía ejecutar… Esa persona con su ejemplo me enseñó que no se trata de “ignorar” a los demás sino aceptar esos momentos que la vida nos hace coincidir y cuando no, aprender a soltar…

Una filosofía de vida regida por la libertad y el desapego. Una libertad más allá de espacios, un crecimiento emocional y espiritual… Una libertad ajena al consumismo extremo de nuestros días… Libertad para amar sin esperar de vuelta un cheque al portador con mil ceros de amor…

Es verdad que muchas veces “dejar ir” puede ser la parte más difícil y aplica para todo, porque le dejamos ganar la batalla al miedo, la decepción y el dolor… Cuando lo que se necesita es coraje para volver a confiar, creer y fluir estemos donde estemos…

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Soy Lolina Rivas, periodista tamaño petit, editora de espectáculos y escritora de historias perrunas, soñadora, exploradora del mundo y originaria de un paraíso llamado San Francisco de Campeche, México.

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